Requiere de mucha paciencia, humildad y respeto. Y a la vez de coraje, disciplina y sentido del humor.
En un momento en el que la vorágine diaria nos pide acción, efectividad, eficiencia y abundante actividad. Es un verdadero reto quedarse quieto y apreciar el presente de forma serena.
El ritmo es frenético. Especialmente si no sigues el propio, el que sabiamente el cuerpo, la mente y Alma te pide. Si sigues el compás ajeno estás perdido.
Son fechas en las que se incita a la compra compulsiva sin necesidad real. A comer y beber de forma ansiosa y desmedida sobrealimentándonos. Se pretende que encajemos en cánones de belleza concretos y que ocultemos la piel y los años tras maquillaje y remedios a pinchazos.
Es excesiva la presión a la que nos sometemos y muy fina la línea en la que nos dejamos caer cuando sentimos o creemos no dar la talla.
Ya basta.
Podría escribir interminablemente aquello que se espera de mi y de nosotras las mujeres. (Pasa lo mismo con los hombres). Sobre lo que creemos que se espera de nosotras. Lo que nuestros ancestros pretendíamos que fuéramos. Y sobre todo lo que ya no me representa.
Agradeciendo el camino andado por cada una de las personas que han posibilitado hoy mi existencia y el aprendizaje experimentado, quiero liberarme de todo lo que me pesa y no he escogido.
Y lo hago sosteniéndome. Creando el espacio necesario para descubrir qué es exactamente lo que me lastra.
Buscando esa responsabilidad emocional conmigo. Comunicando y compartiendo los miedos y heridas con los que me acompañan para aprender de otros puntos de vista. Permitiéndome Ser y amando quien soy.
Haciendo lo propio con los otros.
Sin pretender cambiar a nadie.
Solo yo, soltando.
Aprendiendo a sostenerme.
En clase vamos a trabajar ese equilibrio interno conectando con nuestra fuerza personal, sacando afuera lo que toxifica.
Si te apetece ya sabes.
Un abrazo fuerte.
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